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domingo, 4 de enero de 2026

Declaración de la LCI sobre Venezuela

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Fuera Yanquis de Venezuela y de América Latina!

¡El imperialismo es un tigre de papel!

La Liga Comunista Internacional condena con profundo odio de clase la agresión contra la nación Venezuela realizada por los imperialistas yanquis en este 3 de enero de 2026. La invasión y bombardeo del territorio venezolano, así como el secuestro ilegal del Presidente Nicolás Maduro por el Ejército de los Estados Unidos, es no solo una violación de su soberanía nacional, sino también un acto de guerra contra la nación venezolana en sus planes de dominación de América Latina. Ante la agresión imperialista a Venezuela, el creciente despliegue de sus fuerzas militares en el Caribe, hacemos un llamado al Movimiento Comunista Internacional, al movimiento antiimperialista internacional y a todo el proletariado y a los pueblos oprimidos del mundo a levantar un poderoso movimiento contra la agresión imperialista en Venezuela y en el mundo.

El despliegue militar de los Estados Unidos en el Caribe ya es el más grande de la historia de Estados Unidos desde la primera Guerra del Golfo (1990-1991)1. Estados Unidos está habilitando la base naval de los tiempos de la “Guerra Fría” Roosevelt Roads, en Puerto Rico. Un enorme despliegue de la IVª Flota con sus buques de guerra, efectivos, helicópteros, bombarderos B-52, incluyendo el portaaviones más grande del mundo. Estados Unidos ha atacado hasta el momento 22 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, asesinando extrajudicialmente más de 80 personas, violando abiertamente la soberanía nacional de Venezuela, Colombia y demás países de América Latina, y el llamado derecho internacional. Trump ha declarado cerco naval ilegal sobre el petroleo de Venezuela. Según el Instituto Militar Elcano, se trata de la primera campaña militar de una guerra de agresión a Venezuela. El 3 de enero, ha dado un paso adelante en su agresión a Venezuela con el bombardeo de la capital Caracas y otras partes del país y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro.

Remontándonos a la declaración de la doctrina Monroe en 1823, “América para los Americanos”, doctrina que los Estados Unidos formularon en la disputa con las potencias europeas por el derecho preferente de explotación y opresión de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, América Latina fue convertida en el patio trasero y sustento para el surgimiento de Estados Unidos como potencia imperialista a principios del siglo XX. El imperialismo impulsó un capitalismo burocrático, sustentado sobre el más rancio latifundio y relaciones de producción atrasadas, haciendo semicolonias de los países de América Latina, con independencia política formal, esto es, naciones sometidas a la maraña ideológica, política, económica y militar del imperialismo por más gobierno propio que tuvieran.

Al terminar el siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial, la llamada “Guerra Fría” y la caída del socialimperialismo soviético, Estados Unidos, gendarme contrarrevolucionario mundial, devino en superpotencia hegemónica única; y América Latina ha constituido en este proceso la base estratégica para el imperialismo yanqui, sobre la cual se sustenta para mantener su dominación mundial. En 1992, con la llamada “Iniciativa Bush para América Latina”, el imperialismo yanqui da a conocer los lineamientos para profundizar la integración política, económica y militar de América al servicio de consolidar la hegemonía yanqui por el mundo, y para combatir la revolución y cualquier movimiento que se le oponga o resista. Fueron varios planes que fueron aplicados como parte de este plan principal o estratégico, tal como el plan Puebla que llegó hasta Panamá y Colombia, el plan Colombia con el que se estableció un sistema de bases militares, entre otros planes que aplicó en medio de agudas contradicciones con las naciones oprimidas de la región y contradicciones de diverso grado con sus lacayos.

En la última década se ha producido una profundización sin precedentes de la crisis de descomposición del imperialismo yanqui; su hegemonía mundial está en declive y se agudiza la rapiña interimperialista por el re-reparto del mundo. Esto es lo que los sucesivos gobiernos de turno desde Obama caracterizan como la “nueva estrategia” de seguridad nacional, en la que se señala “que se abre una época de contienda entre grandes potencias”. En su más reciente estrategia de seguridad nacional (diciembre de 2025) pone a América Latina como foco, declara “El Corolario Trump ” a la Doctrina Monroe que permita el acceso de Estados Unidos a “activos clave”, “ubicaciones clave” y apoyo a la “cadena de suministros críticos”, mientras declara la necesidad de que América Latina se mantenga “libre de incursión extranjera hostil” y de tener gobiernos que cooperen en la lucha contra los “narco-terroristas” contra quienes permite la posibilidad de uso de “fuerza letal”.

Lo específico de este momento histórico es que la agudización de la agresión que estamos presenciando en el Caribe y América Latina, no se limita solo a este sometimiento inherente a los planes de los imperialistas para el saqueo y explotación de los países oprimidos. En este momento se trata particularmente de proseguir el cumplimiento de los planes hegemónicos del imperialismo yanqui trazados en los años 1990 para reforzar su estrategia de dominación, en el continente americano y además, ajustándolos al momento de declive de dicha hegemonía buscando proyectar sus posiciones la cuenca del Pacífico, y en sus preparativos de una tercera guerra mundial imperialista.

El imperialismo yanqui pretende con ello contraponerse al decaimiento de la ofensiva contrarrevolucionaria general que encabeza desde finales de los años 80 en convergencia con el revisionismo, pues esta no consiguió su siniestro propósito de aplastar las guerras populares y las guerras de liberación nacional. El decaimiento de esta ofensiva contrarrevolucionaria se evidencia en la brillante contraofensiva del Diluvio de Al-Aqsa, que socavó lo planes del imperialismo en la región, ademas de desmentir ante los ojos de los pueblos del mundo el mito de la invencibilidad del sionismo, el hijo pródigo del imperialismo yanqui. Sobre todo, el fracaso de la ofensiva contrarrevolucionaria general se evidencia en la persistencia de las gloriosas Guerras Populares de India, Turquía, Perú y Filipinas, habiendo enfrentado numerosos cercos de aniquilamiento y manteniendo en alto la bandera del marxismo-leninismo-maoísmo, el enemigo mortal del imperialismo y la reacción. Estados Unidos necesita hoy desesperadamente conjurar el levantamiento del movimiento antiimperialista y revolucionario en América.

Detrás de su retórica de “seguridad nacional” y de “enemigos desde adentro” se esconde el miedo a los pueblos, al levantamiento del mismo pueblo estadounidense, que ha demostrado su potencialidad revolucionaria en crecientes explosiones de lucha popular como las ocurridas por el asesinato de George Floyd en 2020, las combativas ocupaciones estudiantiles en defensa de Palestina y la revuelta contra las criminales políticas antimigratorias este año.

Los yanquis buscan normalizar el desplazamiento de una fuerza política económica y militar como parte de implantar un sistema de bases militares por el continente americano y poner los ejércitos de cada país cada vez más bajo el control y mando del Comando Sur de los Estados Unidos. Comienzan una nueva fase dentro de sus planes estratégicos en la pugna interimperialista por mantener la hegemonía, neutralizar la influencia de otras potencias imperialistas y para contener la rebelión de los pueblos oprimidos buscando conjurar la revolución. Es para servir más fielmente a estos planes estratégicos del imperialismo yanqui que el ultrareaccionaro de Trump viene escalando la agresión en América Latina.

La designación de carteles internacionales de drogas como terroristas, las declaraciones de estar en “guerra contra los carteles”, las acusaciones a los presidentes de Venezuela y Colombia de ser narcotraficantes, el chantaje constante a los gobiernos de la región por “descertificarlos” si no “cooperan en la lucha contra el narcotráfico”, son todos actos que se enmarcan dentro de un plan sistemático para preparar condiciones psicológicas, políticas y legales. Los imperialistas yanquis buscan con ello centralizar el Poder en forma absoluta en el Presidente -saltándose así la autorización y controles parlamentarios y judiciales-, resolver las pugnas internas entre las mafias de los Partidos Demócrata y Republicano y generar opinión pública en casa para dar paso a la siguiente fase de su guerra de agresión y en el marco del cumplimiento de sus planes estratégicos.

La agresión en lo inmediato apunta principalmente contra Venezuela. En esta fase, o primera campaña militar, se desarrolla como una acción para sitiar militarmente todo un país exigiendo su rendición incondicional para imponer un gobierno títere, usando un poder desproporcionadamente mayor para golpear militarmente a objetivos menores. Pero el objetivo de la agresión no es solamente derrocar a Maduro, es parte de la ofensiva más amplia en América Latina y el Caribe para avanzar con la ocupación. Es comparable al sistema montado por el imperialismo yanqui en el Medio Oriente Ampliado. En Irak, una vez que llevaron la guerra limitada contra Saddam “en defensa de Kuwait” por parte de Bush padre, nunca abandonaron la región. El imperialismo yanqui desató otras guerras de agresión hasta que montaron su sistema de bases con la llamada doctrina Obama: bases militares, un ejército con la función principal de “botas sobre el terreno”, su principal avanzada militar Israel, mercenarios de diferentes nacionalidades en Irak, Siria, Irán, etc, ejércitos lacayos árabes y el desplazamiento de sus fuerzas navales, aéreas y terrestres para dirigir y desarrollar guerras de agresión de diferentes tipos e intensidades. Venezuela no es el fin último, sino la justificación y la puerta de entrada.

Estados Unidos extendió la operación militar del Caribe al Pacífico y ya atacó a seis embarcaciones allí. Trump ha firmado -según su propia declaración- una autorización a la CIA de llevar a cabo operaciones encubiertas en países extranjeros que van, desde la recopilación clandestina de información, hasta el entrenamiento de fuerzas de la oposición y la realización de ataques letales.2 La principal consecuencia hasta ahora a sido la agresión abierta a Venezuela y el secuestro de su Presidente, Nicolás Maduro. No obstante, los ejercicios militares conjuntos del Comando Sur en Panamá y Brasil este año, la creciente militarización de la frontera con México, la propuesta del gobierno lacayo de Petro a los yanquis para conformar una ‘OTAN amazónica’, el combate de los gobiernos lacayos de la región al llamado crimen organizado y contra la minería ‘ilegal’, la criminalización de los migrantes en EEUU; todo ello hace parte del proceso de aplicación de la agresión y ocupación de América Latina. Después de que el pueblo ecuatoriano votó en contra de modificar la constitución que prohíbe el establecimiento de bases militares extranjeras en el país, Estados Unidos, pasando por encima de la constitución y del referéndum, con el apoyo del lacayo vendepatria de Noboa, comenzó el desplazamiento de tropas yanquis este 17 de diciembre a la base militar en Manta. Estados unidos también acaba de firmar un acuerdo de cooperación militar en Paraguay el cual implica también botas yanquis sobre terreno.

Para implementar esta nueva fase de agresión y ocupación, en medio también de la agudización de la rapiña imperialista, los yanquis necesitan tener una autoridad más absoluta sobre sus semicolonias y esferas de influencia, por lo que requieren atar en corto a sus mismos lacayos, reestructurar también los Estados de los países de América Latina profundizando su condición semicolonial. Necesitan frenar el avance de los acuerdos comerciales, económicos y políticos de China con los países de América Latina, y asegurarse que las semicolonias cada vez sean más y más sujetas al imperialismo yanqui. Por ello aumenta también la injerencia en la política de los asuntos internos de los países de la región, como ha sucedido con la defensa por Trump de Bolsonaro (extrema derecha de Brasil) y la intervención abierta en las elecciones en Honduras y en Argentina en noviembre, ofreciendo acceso a un canje de divisas de 20 mil millones de dólares para ayudar a calmar la crisis de cambio monetario de Argentina, supeditado a que el Partido de Milei venciera en las elecciones legislativas. Para los tiempos de guerra que se abren, necesita tener su base de apoyo con mayor centralización y control. Por ello, junto al mayor saqueo y desplazamiento de las botas militares a su base estratégica de su hegemonía mundial, necesariamente requieren abrir otro capítulo de mayor intervencionismo e injerencia sobre los gobiernos del continente.

No se trata de que ahora los gobiernos latinoamericanos estén alejándose de la tradicional política y economía servil a EEUU que han aplicado como lacayos durante el último siglo. A pesar de que haya vasallos declarados, y vasallos con una vacía retórica antiimperialista, todos vienen siendo serviles a las políticas yanquis. Así se revela por ejemplo con el llamado vendepatria de Petro a Maduro a ceder el poder para evitar una invasión yanqui o, como se ha revelado en noviembre pasado, cuando altos funcionarios venezolanos del gobierno de Maduro, en conversaciones que duraron meses con el gobierno de Trump, ofrecieron a los yanquis una participación mayoritaria en el petróleo venezolano, prometiendo otorgar contratos preferenciales a las empresas estadounidenses, invertir el flujo de las exportaciones petroleras venezolanas de China a Estados Unidos y recortar los contratos energéticos y mineros con empresas chinas, iraníes y rusas3. Ha sido la administración de Trump la que ha rechazado la oferta, pues le es útil usar a Venezuela como conejillo de indias y chivo expiatorio para adelantar su plan estratégico.

***

Los cañones del imperialismo yanquapuntando contra la región y sus acciones de guerra son señal de su debilidad. La hegemonía del imperialismo yanqui está en declive, su ofensiva contrarrevolucionaria general decae y fracasa en su perverso intento de aplastar la revolución. Se encuentra en una profunda crisis económica y política que le respira en la nuca, y esto lo obliga a actuar con mayor agresividad. Es la señal del fracaso de su doctrina militar posterior a la Guerra Fría, en palabras del vicepresidente Vance: “luchamos en muchas guerras en los últimos 40 años, pero no hemos ganado ninguna”. Los momentos de crisis profunda del sistema imperialista acentúan las contradicciones interimperialistas y necesitan de la expansión de las guerras de agresión contra las naciones y pueblos oprimidos. Estados Unidos está acosado por contradicciones internas irreconciliables, vive un largo proceso de hundimiento y cada nueva medida para contraponerse a este declive agudiza sus contradicciones. ¡El imperialismo es un tigre de papel, debemos acabar con él!

Si los yanquis pretenden que los pueblos de América Latina guarden silencio mientras atacan a nuestros pueblos hermanos y ocupan nuestro territorio, ¡no han aprendido nada de la historia! Una agresión directa contra cualquier pueblo de América Latina avivará las llamas de la revolución de nueva democracia con el viento a favor de la movilización antiimperialista masiva en todo mundo, incluyendo dentro del mismo EEUU, como lo ha demostrado el movimiento en apoyo a Palestina.

La historia nos enseña que los pueblos que luchan por su libertad son imparables. El camino de la heroica resistencia nacional Palestina, es también el camino de América Latina. Una feroz resistencia que enfrenta a los mayores poderes militares de la tierra, y cuyo corazón de resistencia antiimperialista no solo sigue viva después de uno de los mayores genocidios de nuestros tiempos, sino late con más fuerza y se ha multiplicado por todos los rincones del globo. En lugar de cerrar el cerco sobre los pueblos oprimidos como imaginan, los imperialistas se verán cada vez más acorralados por las luchas antiimperialistas, las guerras de liberación nacional y las guerras populares.

El imperialismo se apoya en toda América Latina en sus agentes nativos, los terratenientes o grandes latifundistas y la gran burguesía lacaya para explotar al pueblo especialmente al campesinado, por ello es indispensable luchar contra la semifeudalidad y movilizar al campesinado para realizar la revolución indesligablemente de la lucha contra el imperialismo y el capitalismo burocrático.

Cuando el imperialismo invade y agrede a una nación oprimida, como está ocurriendo en Venezuela, se produce el cambio de la contradicción principal, y la tarea de los comunistas es luchar por la realización de un frente único nacional de resistencia antiimperialista contra la agresión exterior y unir todo pueblo y la nación, con la excepción de una minoría de traidores nacionales, contra la agresión externa para desarrollar una guerra de resistencia nacional contra la invasión.

La guerra de resistencia contra el imperialismo por liberación nacional forma parte de la revolución de nueva democracia y solo a través de la dirección del proletariado, a través de su Partido Comunista puede desarrollarla completamente para barrer las tres montañas: el imperialismo, el capitalismo burocrático y la semifeudalidad.

Los comunistas estamos llamados a dirigir la lucha contra la ocupación de América Latina, debemos ponernos a la cabeza y en la primera línea del combate antiimperialista para unir y dirigir al campo de los antiimperialistas revolucionarios. Debemos levantar un amplio movimiento antiimperialista de denuncia contra la agresión imperialista a Venezuela y toda América Latina a través de acciones. ¡Muerte al invasor!

Es crucial oponerse a la política entreguista y conciliadora de los gobiernos de turno en cada país; ante el peligro de capitulación, el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía, burguesía nacional y otras fuerzas patrióticas deben persistir en la resistencia con el apoyo del proletariado y los pueblos del mundo.

Convocamos los pueblos y nación de Venezuela a unirse y levantarse contra la agresión imperialista, mediante lucha armada de resistencia nacional: ¡Muerte al invasor! ¡Fuera Yanquis de Venezuela!

Convocamos a todo proletariado y a los pueblos oprimidos de América Latina y del mundo, a unirse contra la agresión imperialista a Venezuela, a elevar la movilización antiimperialista través de acciones contra el imperialismo.

¡El imperialismo es un tigre papel!

¡Fuera yanquis de Venezuela y América Latina!

¡Proletariado y pueblos oprimidos de todo mundo, unamos para aplastar el imperialismo!

¡Los países luchan por su independencia, las naciones por su liberación y los pueblos por la revolución!

¡Pueblos de América Latina, levantémonos en un poderoso movimiento antiimperialista!

Liga Comunista Internacional,

3 de enero


 

sábado, 27 de diciembre de 2025

VIVA EL 132 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG Y EL III ANIVERSARIO DE LA LIGA COMUNISTA INTERNACIONAL

 

¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

VIVA EL 132 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG Y EL III ANIVERSARIO DE LA LIGA COMUNISTA INTERNACIONAL

El 26 de diciembre, es una fecha de profunda significación para el proletariado internacional y los pueblos oprimidos del mundo; convergen dos conmemoraciones inseparables en contenido y perspectiva: el 132 aniversario del natalicio del Presidente Mao Tse-tung y el tercer aniversario de la fundación de la Liga Comunista Internacional.

Recordar el natalicio del Presidente Mao no pasa por ser un acto básicamente ceremonial. Es reafirmar el maoísmo, como desarrollo superior del marxismo-leninismo a una tercera y superior etapa; con aportes a las tres fuentes principales: filosofía, economía y socialismo. El Presidente Mao aportó al marxismo leninismo una comprensión superior de cómo hacer la revolución y cómo sostenerla hasta sus fines históricos: desarrolló la dialéctica aplicada a la política mediante la ley de la contradicción, afirmó la práctica como criterio de verdad y estableció la línea de masas como método de dirección para ligar al Partido con el pueblo; formuló, para los países oprimidos, la estrategia de la Nueva Democracia, el frente unido bajo dirección proletaria y la construcción del nuevo poder; y colocó en el centro la guerra popular como teoría del proletariado para la conquista del poder y generación de nuevo poder, entendida no como hecho militar aislado sino como proceso político integral de organización de masas, destrucción del viejo Estado y edificación de un nuevo Estado revolucionario. Además, estableció que la lucha de clases continúa bajo el socialismo, advirtió el peligro de restauración capitalista y planteó la necesidad de continuar la revolución transformando relaciones sociales, ideología y cultura, de modo que la lucha por el poder y su defensa se orienten, a través de la guerra popular prolongada, hacia el objetivo estratégico de abolir toda explotación y avanzar hasta el comunismo.

Ilumina los problemas fundamentales de nuestra época: la realidad de un sistema imperialista en descomposición, la agudización de la lucha de clases a escala mundial y la necesidad de una dirección comunista capaz de transformar la indignación de las masas en fuerza consciente, organizada y revolucionaria. El presidente Mao nos lega, ante todo, la comprensión de que la política manda, que sin Partido no hay revolución y que la causa del comunismo solo avanza cuando se sirve a las masas con una línea justa y guerra popular como línea militar del proletariado.

Por eso mismo, saludar el tercer aniversario de la Liga Comunista Internacional en esta misma fecha no es una coincidencia formal, sino una afirmación de principio: la unificación internacional de los comunistas solo tiene sentido si se sustenta en el maoísmo y si se orienta a resolver las tareas de la revolución proletaria mundial. La Liga expresa la necesidad histórica de fortalecer la coordinación, la delimitación ideológica y la acción común contra el imperialismo, la reacción, la lucha en contra del revisionismo e impulsar la construcción y el temple de partidos comunistas, como instrumentos indispensables para la conquista del poder.

En el mundo de hoy, donde los viejos Estados descargan guerras, represión, despojo y hambre sobre los pueblos; donde se pretende imponer resignación bajo la agresión y el chantaje militar; donde el oportunismo intenta convertir la rebeldía popular en rutina electoral y administración de la derrota, la responsabilidad de los comunistas es elevar la mirada estratégica y actuar con firmeza desarrollando guerras populares en todo el mundo. El mejor homenaje al presidente Mao  es la lucha consecuente por aplicar creadoramente el maoísmo a la realidad concreta de cada país, elevando el nivel de organización, la claridad programática y la generación de pensamientos guías que desbrocen el desarrollo y aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo; proceso dialectico del que se manifiesta, con aportaciones de carácter y validez universal, el pensamiento Gonzalo.

De allí que este saludo sea, a la vez, reconocimiento y compromiso. Reconocimiento a quienes, en condiciones difíciles, sostienen la bandera roja del internacionalismo proletario y trabajan por la unidad bajo el maoísmo. Y compromiso de persistir en la batalla ideológica y en la práctica política para derrotar el revisionismo, el economismo, el cretinismo parlamentario y toda forma de conciliación con el viejo poder; para afirmar una orientación proletaria, clasista y revolucionaria; y para ligar indisolublemente la causa proletaria a las necesidades reales de las masas trabajadoras, campesinas y populares.

Que este 26 de diciembre sirva para templar convicciones, para estrechar filas, para elevar el sentido de responsabilidad histórica y para reforzar la idea esencial: sin internacionalismo no hay victoria duradera, y sin maoísmo no hay unificación comunista verdadera. Con el Presidente Mao en la memoria combativa -guía para la acción- y con la Liga Comunista Internacional como referencia e instrumento  de unidad en la ideología, saludamos al proletariado internacional; a las guerras populares en la India, Turquía, Filipinas y Perú; a los partidos comunistas en construcción o reconstitución y a todos los pueblos que resisten la dominación imperialista.

Que se multipliquen las fuerzas revolucionarias. Que se fortalezca la unidad bajo el maoísmo sobre la base de la lucha de dos líneas. Que avancen las tareas del proletariado internacional sirviendo a la Revolución Proletaria Mundial. Que nuevas tormentas de guerra popular se descarguen decididamente y barran lo viejo y den vida a lo nuevo; indetenidamente, hasta la meta final: ¡el dorado comunismo!

 

¡VIVA EL 132 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG!

¡VIVA EL III ANIVERSARIO DE LA LIGA COMUNISTA INTERNACIONAL!

¡VIVA EL MAOÍSMO-LENINISMO-MAOÍSMO-PENSAMIENTO GONZALO!

¡VIVA LA GUERRA POPULAR EN TURQUÍA, FILIPINAS, INDIA Y PERÚ!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

A CONQUISTAR EL SOL ROJO DE LA LIBERACIÓN; ¡EL COMUNISMO!

 


martes, 4 de noviembre de 2025

EL CAMPO, UN PODEROSO FERMENTO REVOLUCIONARIO

 

¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

EL CAMPO, UN PODEROSO FERMENTO REVOLUCIONARIO

La contradicción principal de nuestra época se desarrolla entre el imperialismo de toda laya, en especial, el yanqui,  y las naciones oprimidas del mundo. Las potencias imperialistas pugnan  y a la vez coluden para repartirse territorios, recursos y rutas; sin embargo, el teatro decisivo de esta contradicción es el Tercer Mundo, escenario donde se concentran las guerras, ocupaciones, bloqueos y contrarrevoluciones. Ahí están, entre otros, Palestina, Siria, Líbano y Yemen; Afganistán, Irak y Libia; Sudán y Sudán del Sur, Etiopía y Somalia en el Cuerno de África; Mali, Nigeria y Burkina Faso; la República Democrática del Congo y Mozambique; el Sáhara Occidental y Haití. En Asia se extienden conflictos y resistencias en Myanmar, Bangladesh, Pakistán, India, Filipinas y Papúa Nueva Guinea; en Asia occidental asedian Irán, y en Turquía y Kurdistán persiste con sus guerras multiformes o híbridas. En América Latina los tambores de guerra, sanciones e injerencias retumban sobre Cuba, México y Venezuela, la militarización y la guerra interna atraviesan Colombia, Perú, Ecuador, Haití y amplias franjas de Centroamérica y el escenario náutico de convergencia en El Caribe.

En ese marco, las guerras populares que apuntan al Poder como las que se desarrollan en la India, Turquía, Filipinas y el Perú; y las guerras de liberación nacional en otros países, expresan una ley ineluctable: donde el imperialismo estrangula y embate, las masas aprenden en el curso de la guerra a combatir, levantando las banderas de la guerra justa contra la guerra injusta. En muchos lugares, armadas de manera precaria y rudimentaria, las masas desbordantes de optimismo ponen el pecho y la cuota a la amenaza nuclear, tecnológica y numérica que el imperialismo pretende aplicar fatuamente. En ese sentido, nos corresponde convertir la indignación en organización, la defensa en ofensiva y la crisis en oportunidad estratégica para abrir paso a la derrota del imperialismo y sus lacayos, e imponer la Nueva Democracia, que es dictadura conjunta de obreros-campesino y pequeña burguesía, siendo centro, el proletariado:  y, sobre sus conquistas y trasformaciones, al socialismo.

Sujetos de este análisis, podemos entender de mejor manera la agresiva presencia del imperialismo yanqui en centro y sud América; : su amenaza de invadir Venezuela, estrangular a Colombia y poner en funcionamiento, a su favor, la maquinaria burocrática-terrateniente del viejo Estado del Ecuador, en un contexto de pugna que mantiene con Rusia y China y, de hecho, con algunos países de Europa.

En esta ofensiva yanqui, el Ecuador, y en él, el gobierno títere de Noboa, juagan un rol importante en el médula de esa estrategia. No es gratuito el proceso de fascistización de Noboa, sus pretensiones legales para reformar o generar una nueva constitución, cuyo centro es avalar la presencia de bases militares extranjeras (no rusa, china, o de cualquier otro país, aspecto que también sería rechazado y combatido), sino yanqui, específicamente; además, otorgar super poderes al gobierno y a las FFAA, quienes, precisamente este momento, son total y absolutamente manejados por los EEUU e Israel.

Cuando señalamos que Noboa es fascista y títere, nos remitimos a los hechos; sobre todo, títere, porque su condición de fascista deriva de su posición servil al imperialismo. Basta ver que, por primera vez, Ecuador, de la mano de la Cancillería, dirigida por una agente del sionismo internacional, se abstuvo ante la ONU de votar contra el criminal bloqueo a Cuba; pero eso sí,  declaró a Hamás, Hezbollah y a la Guardia Revolucionaria de Irán como organizaciones “terroristas” siguiendo el mandato de los EEUU.

Esto debe entenderse en su verdadera dimensión: servilismo, testaferrismo político de Noboa y, sobre todo, la creciente incidencia política de EE. UU. en el país. Es decir, poco a poco estamos perdiendo esa relativa independencia política que se supone teníamos y que nos caracteriza como un país semicolonial/semifeudal.

El Ecuador actual es una sociedad semicolonial y semifeudal. Cuando decimos que es semifeudal, no estamos diciendo que no hay capitalismo; lo que decimos es que el imperialismo desarrolló, de manera tardía, un capitalismo atado a los intereses de los grandes terratenientes en la segunda mitad del siglo XIX; que estos, antes y hoy,  no tienen intención alguna de eliminar esos remanentes feudales, sino de evolucionarlos a nuevas formas. Capitalismo (burocrático) que no desarrolla las fuerzas productivas, que fomente la industria nacional, sino que es entregado al imperialismo, fundamentalmente yanqui. Que es quien delinea las formas y relaciones de producción ceñidas a sus intereses.

Este capitalismo está en crisis, enfermo, patojo, cuyas contradicciones no se resuelven pensando en “levantamientos” o rebeliones circunstanciales, coyunturales, sino con un programa y proceso revolucionario profundo, dilatado, con correcta dirección ideológica y con guerra popular.

Entender esto es fundamental para una apropiada comprensión de las dinámicas de lucha en el país, particularmente en el campo, donde el rol del campesinado pobre ha sido determinante, sobre todo en los tres últimos levantamientos populares.

Nosotros, los comunistas, no concebimos la sociedad como un todo delimitado por razas, grupos étnicos, nacionalidades o de actores que promueven las reivindicaciones de género.   Nosotros concebimos la sociedad a partir de un análisis materialista histórico-dialéctico y que, por ello, primará siempre el análisis de clase: su composición, campos y contradicciones. En ese sentido, observamos campesinos y su relación con los medios de producción; las relaciones de producción; el hecho de que, en la actualidad, algunos campesinos que están alineados con reivindicaciones étnicas, siendo principal, su condición de campesino pobre, sin tierra;  otros que, de labrar tierra ajena, también devienen, eventualmente, en mineros artesanales; aspectos que determinan la particularidad y diversidad de centros de contradicción en el ámbito productivo. Entendemos que, al no haberse materializado la revolución democrática-burguesa de viejo tipo; el campesinado pobre es la clase que deviene en la más explotada ya que está sumida y atada a relaciones de producción pre capitalistas o, para decirlo de manera clara, feudales y semifeudales.

Con esos antecedentes queremos centrarnos en aspectos coyunturales del país.

Ha culminado el levantamiento indígena-popular tras 31 días de álgida e incansable lucha; una brega en la que las masas, además de movilizarse, han puesto su cuota de sangre: muertos, heridos, mutilados; además, detenidos y perseguidos.

Al igual que en los levantamientos de 2019 y 2022, las masas campesinas fueron la fuerza principal de la movilización, acompañadas por obreros, estudiantes, vendedores y sectores populares que se rebelaron con determinación contra gobiernos que, como el actual, han estado ajenos a los intereses de las grandes mayorías. Es decir, en estas rebeliones, el campesinado ha sido la fuerza principal.

Este ciclo demuestra que el campo continúa siendo un “poderoso fermento revolucionario” y que, al establecer correcta alianza de clases con obreros y demás masas explotadas,  en estos contextos y formas de lucha, se convierte en una fuerza capaz de desestabilizar el viejo Estado.

La combatividad de las bases del movimiento indígena-campesino, más allá del discurso etnocultural de cierta dirigencia oportunista que ha focalizado el vórtice de las contradicciones existentes en el campo en la pluriculturalidad, los derechos colectivos y la defensa del “territorio”, subsumiendo la contradicción principal:  masas-semifeudalidad, que tiene rostro y voz propia: campesinos sin tierra o con poca y de mala calidad; producción artesanal como estrategia de subsistencia; mutación cíclica del campesinado pobre en semiproletariado en la minería informal; servilismo, expropiación de tierras y migración forzada. Todas, expresiones de la más abyecta semifeudalidad que mantienen al campesinado, sea este “indígena” o no al filo de la rebelión.

Eso es lo que hay que ver y procesar. El movimiento indígena, alentado por su dirigencia, habla de “territorialidad”; sin embargo, en su seno coexisten latifundios y minifundios: hay tierras en manos de comuneros, pero también grandes extensiones controladas por terratenientes nacionales y extranjeros. Curiosamente, los indígenas/campesinos que habitan los llamados ‘territorios’, que en verdad son propiedades privadas, minifundios, son los peones, labradores, y trabajadores de los grandes latifundios que están dentro de esas circunscripciones.

El latifundismo, en lugar de menguarse se ha incrementado. Ejemplos sobran: el consorcio de los Wong, exministro del Interior de Noboa, concentra alrededor de 30.000 hectáreas en Guayas (Marcelino Maridueña); en Esmeraldas y Santo Domingo de los Tsáchilas cerca de 300.000 hectáreas de palma africana están en manos de un puñado de propietarios; el consorcio Nobis, del propio Noboa, posee tierras en distintos puntos del país; la azucarera Valdez administra cerca de 10.000 hectáreas; además de extensas haciendas bananeras. En Cotopaxi, Aglomerados Cotopaxi y Durini suman aproximadamente 30.000 hectáreas, y Cobo controla unas 19.000 hectáreas en pleno corazón de lo que la CONAIE denomina “territorios indígenas”. A esto se añaden los miles de hectáreas de la hacienda Fukurama, sí, la misma denunciada por prácticas de esclavitud en pleno siglo XXI. Los jornaleros, arrimados, arrendatarios y trabajadores que laboran en estos predios suelen estar sometidos a relaciones laborales de corte feudal o semifeudal.

Los camaroneros cuentas a su haber con 233.000 hectáreas, la misma cantidad de tierras con las que cuentas 1´800.000 campesinos pobres. A este ‘fenómeno”, debemos sumar los millones de hectáreas entregadas a las grandes empresas mineras; vehículo que ha generado una nueva corriente de latifundistas vinculados a estas transnacionales de la minería, pero también a la pequeña y mediana minería, escenarios donde las masas campesinas pobres son despojadas violentamente de sus pequeñas parcelas, además, son quienes ponen el trabajo, y también la vida, ante los desafueros y violencia estatal, para estatal y sicarios.

Además de la alta concentración extrema de la tierra: predios individuales o consorciados de 10.000, 20.000 o 30.000 hectáreas se presenta el monocultivo y control de cadenas completas: caña, palma, banano y forestales con integración vertical (tierra–procesamiento–exportación).

Escenarios con relaciones laborales precarias o serviles: pago por tarea, tercerización, endeudamiento con tiendas internas, vivienda dentro de haciendas y desplazamientos forzados. Reclutamiento forzado de campesinos para trabajar en la minería; arrendamiento de tierras y trabajo bajo la modalidad de “al partir”. Control de bienes comunes y servidumbres: acaparamiento de agua, caminos y servidumbres de paso, con seguridad privada y criminalización de la protesta. Captura regulatoria y fiscal: ventajas normativas y logísticas que refuerzan la concentración y dificultan la reforma agraria real.

Estos rasgos, sumados a los casos concretos citados, muestran que el problema no es solo de “territorialidad” como consigna general, hueca; sino de poder de clase sobre la tierra y el trabajo, expresado en un régimen que reproduce relaciones feudales y semifeudales en pleno siglo XXI.

Es de ese tipo de cosas que se debe preocupar la dirigencia del movimiento indígena, de que los campesinos viven en condiciones precarias, que eso hay que eliminar, y no se hace con consultas, con votos o en el cuchitril de la Asamblea, no, imposible, eso se lo hace con violencia revolucionaria. Hay que arrasar el poder gamonal y para hacerlo, hay que abatir de todas las formas a sus testaferros, los caciques locales, aquellos campesinos vendidos al gamonalismo que son quienes reproducen el viejo Estado en las relaciones de producción y los ejecutores directos de los procesos de corporativización de las masas campesinas.

En este contexto, urge reconocer que, ante la ausencia de correcta línea ideológica, la lucha campesina, sin desestimar su constancia, sobre todo en torno a la necesidad de resolver el problema agrario, tiene cierto carácter espontaneísta, muchas veces espoleado por su dirigencia, la misma que históricamente ha demostrado que, además de traidora y oportunista, tiene agenda propia, sin más norte que el electorerismo y la burocratización del movimiento indígena-campesino. Además, propia de la incidencia del trotskismo, sostenido por Iza y sus colaboradores, promueven la idea de lanzar al movimiento indígena a jornadas ‘insurreccionales’; pues consideran que es el mecanismo y forma de lucha que permitiría que esas masas ‘conquisten el poder’.  Es algo así como pretender seguir el camino ruso combinado con electorerismo y oras patrañas burocráticas.

El último levantamiento indígena-popular, como los anteriores, fue traicionado por su dirigencia; esta vez bajo el mando de Marlon Vargas, un inestable y cobarde representante de una pléyade de dirigentes que han tenido la misma hoja de ruta: inicialmente con discurso radical, incendiario; posteriormente, amigable, conciliador con el gobierno y las clases dominantes, y el corolario, la cereza del pastel, ¡terminan como candidatos presidenciales!

Toda esta verborrea va de la mano de un ‘proyecto’ centrado en el «comunismo indoamericano», una patraña que descontextualiza a Mariátegui, que se presenta como una relectura “originaria” del marxismo para América Latina que privilegia lo indígena/andino como núcleo civilizatorio, que toma elementos sueltos del Amauta, del indigenismo y del comunitarismo andino, y los combina con agendas que tratan de buscar programa en el pasado; que absurdamente desplaza el eje de la lucha de clases hacia una identidad étnico-cultura , Mitifica la “comunidad originaria” como forma superior ‘precapitalista’ y rehúye examinar sus contradicciones internas (patriarcales, jerárquicas (cacicazgos), mercantilización creciente). Sin crítica de estas relaciones, el “retorno a lo comunitario” funciona como romanticismo restauracionista. Un comunismo “ni calco ni copia” que omite su núcleo, lo fundamental: revolución agraria y socialista dirigida por la clase trabajadora en alianza con el campesinado indígena.

En esta ocasión, Vargas, con el pretexto de “salvar la vida de los manifestantes” y de “preparar la campaña por el NO en la consulta popular”, desmovilizó a las masas y las arrojó, una vez más, al estercolero electorero. No actuó solo: contó con el apoyo cómplice de Lourdes Tibán, desde la Prefectura de Cotopaxi, y de otros actores “indígenas” de ideología domesticada que repiten, cacofónicamente, que “solo con trabajo podemos hacer que el país mejore”.

Estos perros del viejo Estado sustituyeron el levantamiento popular, por la campaña electorera del NO en la consulta popular. hay que combatirlos, sin lugar a dudas.

Por su parte, el gobierno de Noboa, fascista, entreguista y tremendamente violento, ha utilizado medios, tácticas y estrategias pocas veces vistas para reprimir al pueblo. Ya se ha señalado: Noboa ha convertido al Ecuador en un laboratorio de la nueva línea militar del imperialismo con soporte sionista para neutralizar la insurrección y las luchas populares en los países del tercer mundo. No ha escatimado en bombardear con artillería y aviones de guerra sus objetivos ‘militares, como sucedió en Imbabura y Azuay; movilizar miles de tropas escoltadas por vehículos blindados, helicópteros de guerra y demás equipamiento militar para combatir masas básicamente armadas con voladores, piedras y palos: expresiones, sí, de lucha, pero que, como siempre, resultan insuficientes para enfrentar a un enemigo que, sin miramientos, reprime abyectamente al pueblo, siempre con la anuencia de dirigentes revisionistas y/o oportunistas que han servido de catalizadores para corporativizar a las masas utilizando un burdo, y en cierto modo, efectivo populismo basado en bonos, días de asueto en el trabajo, regalo de cerdos, sorteo de vehículos en los motines que organiza;  y otras baratijas que recuerdan las épocas del coloniaje español, donde el espejo de entonces, ha devenido en ‘bono’.

Hoy el viejo Estado burocrático-terrateniente, bajo el gobierno de Daniel Noboa, expresión concentrada de la burguesía compradora y de los grandes terratenientes, se recompone subordinado a los intereses del imperialismo yanqui y del capital comercial y de intermediación financiera israelí.

El país opera como enclave estratégico: logística militar, inteligencia, penetración económica y tecnológica. No se trata de una “desviación” coyuntural, sino de una forma concreta de dominación semicolonial y de transición corporativa.

El imperialismo exige “estabilidad”, “seguridad” y “control social” para su expansión. De ahí las reformas de Noboa: incremento del IVA, eliminación de subsidios, privatización de sectores estratégicos y endurecimiento represivo bajo la retórica de “seguridad nacional”,  “lucha contra el terrorismo” y la convocatoria a una nueva Constituyente convertida, desde ya, en un “cheque en blanco” para el imperialismo y la reacción. La actual constitución poco o nada sirve a las masas; mucho menos a la reacción, ellos, la reacción, requieren una constitución que avale y proyecte lo que ya están haciendo, un proceso de militarización de la vieja sociedad donde el ejecutivo y las FFAA cuenten con todo el Poder coercitivo y represivo. Estas medidas corresponden a un reajuste general corporativo del Estado en los planos económico, político e ideológico.

A la dictadura de grandes terratenientes y grandes burgueses no le alcanza bombardear dentro del país, reprimir, matar, encarcelar, perseguir y comprar conciencias; también necesita echar mano de su discurso electorero. Ahora combinan la violencia y la represión con la farsa electoral. Quieren hacernos creer que, con la consulta popular, el pueblo elegirá una nueva Constitución, cuando no es sino la expresión concentrada de la política del viejo Estado, del capitalismo burocrático y del imperialismo. No es más que eso.

¿Qué recibió el pueblo con la Constitución de 2008? ¡Nada! Igual nos han explotado, oprimido, agredido y violentado; es más, nos hemos ahogado en sangre y nos hemos visto forzados a migrar o a morir en el intento. Ahora nos quieren imponer otra Constitución. ¿Cambiará con relación a la anterior? Posiblemente en sus formas, pero no corresponde al proletariado, al campesinado pobre y a las demás masas explotadas avalar un instrumento político que legitima al viejo Estado y lo presenta en su versión más “sutil” en el terreno del sistema de gobierno. Pueblo del Ecuador, recuerda: asistir a las urnas, ya sea para elegir autoridades o para una nueva Constitución, solo avala lo actuado por todos los gobiernos, particularmente por este último, sostenido en la violencia imperialista, la mentira y gobernar en función de los intereses de la gran burguesía y de los grandes terratenientes.

El problema de la constituyente no es un problema de las masas; es un asunto de las contradicciones Interburguesas llevado al plano popular. Nosotros no negociamos a nuestros muertos en las urnas ni caemos en el entrampe de los oportunistas, de los electoreros y de los vendevotos. Fortalezcamos la organización, luchemos, preparemos y desarrollemos guerra popular: es lo que debemos hacer.

No podemos ni debemos avalar el viejo sistema electorero del país; no debemos participar en la consulta, por el contrario, debemos boicotearla. Es algo que compromete a los principios; es no fomentar un viejo sistema de gobierno que nos hace creer que, participando en él, estamos definiendo o marcando las pautas de la participación popular en los designios de un Estado que no nos pertenece.

En esa perspectiva, el levantamiento reabre una vez más la senda histórica que debe ser cualificada de mejor manera: cercar las ciudades desde el campo.

Las jornadas en Imbabura, Cotopaxi, Chimborazo y Loja muestran un aprendizaje profundo y ya expuesto en otras ocasiones: hay que destronar a los “curacas”, a los “caciques” de la dirigencia de las organizaciones campesinas-populares y dotar a las masas de un instrumento organizativo que se ponga al frente de sus luchas, instrumento que no puede ser otro que el Partido Comunista de Nuevo Tipo, que, sin miramientos ni cálculos oportunistas, barra con toda la podredumbre que envuelve al campo popular.

Establecer una alianza de clases correcta no significa negar las particularidades, sino reconocerlas y convertirlas en un organismo concreto y operativo, capaz de encarar las contradicciones que el gobierno genera y exacerba coyunturalmente, y de avanzar hacia la resolución de las contradicciones fundamentales: nación frente a imperialismo; masas y campesinado frente a la semifeudalidad y el gamonalismo; y pueblo frente al capitalismo burocrático de la gran burguesía. Todo ello sin perder de vista la colusión y pugna entre la burguesía compradora, hoy personificada por Noboa, y la burguesía burocrática, el correísmo, escenario al que se ha arrastrado a las masas, desviándolas de sus objetivos históricos. Hay que entender. Las reivindicaciones indígenas no pueden seguir en manos de la dirección ideológica de la pequeña burguesía, o del nacionalismo burgués, es y será, sin lugar a dudas, una tarea del proletariado. La burguesía ha caducado como clase encargada de llevar las tareas democráticas que compromete al indígena y al campesinado en general; esa tarea solo puede ser plasmada en la revolución de Nueva Democracia, tránsito al socialismo.

Pueblo del Ecuador: hemos entrado en una etapa de inflexión, cargada de nudos críticos que frenan o entorpecen las tareas necesarias para abrir paso a la revolución de Nueva Democracia. No podemos seguir endosando el esfuerzo vital de las masas a oportunistas y traidores. La dirigencia de la CONAIE, Pachakutik y las centrales sindicales ha reiterado, sin rubor ni consecuencia, su traición en favor del viejo Estado; han devenido en uno de los obstáculos más serios para que se desate la tormenta de la guerra popular de obreros y campesinos. Corresponde desenmascararlos, ubicarlos donde están y aplastarlos. Ya lo dijo magistralmente el presidente Gonzalo: “Desarraiguemos las hierbas venenosas… desterremos esas siniestras víboras… reventemos esa pus, de otra manera la ponzoña sería general. Venenos, purulencia hay que destruirlas”.

El momento es duro, sí, pero nos sostiene un optimismo histórico que desborda trabas y dificultades. La ruta es sinuosa y exige confrontar sin titubeos al enemigo: imperialismo, gran burguesía y grandes terratenientes, y también a sus operadores internos: caciques, oportunistas  y revisionistas. A estas alturas, nadie queda fuera del mapa: todos son piezas de la estrategia global del imperialismo y sus lacayos para mantener al pueblo oprimido y explotado.

No arrastremos a las masas a la movilización sin una clase dirigente ni una ideología que tracen el rumbo. Es inviable persistir en discursos cansinos sobre “derechos colectivos” o en salidas electoralistas que maquillan el continuismo y conjuran cualquier transformación de fondo. No se trata de “indianizar” el comunismo, sino de proletarizar ideológicamente al movimiento indígena para que, en su agenda nacional, se consideren las contradicciones de clase existentes; que sus reivindicaciones se articulen con las de obreros, campesinos y demás sectores populares; solo así las luchas coyunturales dejarán de ser descargas episódicas y se convertirán en procesos sostenidos de movilización, militarización y combate.

Tenemos un escenario político favorable para la revolución. Las condiciones históricas están en su punto; debemos aprovecharlas. Debemos resolver todos los problemas políticos que tenemos al frente con lucha armada: no hay otro camino; es lo que nos corresponde hacer.

Sin un Partido Comunista que organice, eduque y conduzca, toda acción, por coyuntural que sea, quedará atrapada en el corporativismo administrado por una dirigencia oportunista. Se impone construir una dirección capaz de convertir el descontento en programa, el programa en organización y la organización en una fuerza avasalladora nucleada en el Partido Comunista de Nuevo Tipo; en el Frente y, obviamente, en el Ejército Popular, la forma más importante  y  decidida para que, con guerra popular, avancemos al comunismo.

¡EL PROLETARIADO ES LA CLASE FUNDAMENTAL DE LA REVOLUCIÓN!

¡EL CAMPESINADO, ES LA FUERZA PRINCIPAL DE LA REVOLUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA!

SIN UN EJÉRCITO POPULAR, NADA TIENE EL PUEBLO

¡VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO-PENSAMIENTO GONZALO!

PUEBLO DEL ECUADOR, ¡NO VOTAR EN LA CONSULTA POPULAR!

¡PREPARAR Y DESARROLLAR LA GUERRA POPULAR!


domingo, 2 de noviembre de 2025

Declaración de ICL sobre la guerra popular en la India


¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡La reacción está destinada a fracasar, y la Guerra Popular en la India está destinada a triunfar!

El ejército revolucionario es necesario porque las grandes cuestiones históricas solo pueden resolverse por la fuerza y, en la lucha moderna, la organización de la fuerza significa organización militar.

– Lenin

La experiencia en la lucha de clases durante la era del imperialismo nos enseña que solo mediante el poder de las armas la clase obrera y las masas trabajadoras pueden derrotar a la burguesía armada y a los terratenientes; en este sentido

Podríamos decir que solo con armas se puede transformar el mundo entero.

– Mao Tsetsugan

Como bien saben nuestros camaradas, los miembros del Partido Comunista de la India (Maoísta), el Ejército Guerrillero Popular de Liberación, las Organizaciones de Masas Revolucionarias y los Comités Populares Revolucionarios dirigidos por el Partido, se encuentran actualmente desarrollando una contraofensiva para derrotar la campaña de cerco y aniquilación denominada “Kagar”. Esta heroica empresa ocupa, con toda razón, el centro de atención del Movimiento Comunista Internacional en su conjunto, y nadie puede permanecer indiferente. Como ya hemos manifestado anteriormente: hoy, para los comunistas del mundo, el Partido Comunista de la India (Maoísta) representa las tres grandes banderas rojas que separan el trigo de la cizaña en el Movimiento Comunista Internacional: 1. La defensa del marxismo-leninismo-maoísmo frente al revisionismo. 2. La vía de la guerra popular frente a la vía de los acuerdos de paz, la conciliación y la capitulación. 3. La bandera de la Nueva Revolución Democrática, el campesinado como base de la lucha antiimperialista, contra quienes niegan el carácter semifeudal de los países oprimidos por el imperialismo. ( Celebremos y enarbolemos con orgullo el 20.º aniversario de la fundación del glorioso Partido Comunista de la India (Maoísta), ICL, septiembre de 2024).

Hoy nosotros, la Liga Comunista Internacional, reafirmamos esta postura y, partiendo de ella, declaramos nuestra posición sobre la situación actual.

Cuando las masas se alzan, el colapso del viejo orden se acelera.

La última oleada de levantamientos populares, encabezada por una nueva generación de jóvenes rebeldes en las Naciones Oprimidas, que comenzó en Indonesia y se extendió por Nepal, Filipinas, Perú, Madagascar y Marruecos, y que continúa expandiéndose, es una poderosa manifestación del Poder de las Masas: cuando se alzan, la Tierra tiembla, los cielos truenan y el Viejo Orden se derrumba. El creciente y cada vez más combativo movimiento antiimperialista en las Naciones Opresoras, impulsado por el heroísmo profundamente inspirador del Pueblo de Palestina en su inquebrantable Resistencia Nacional contra el imperialismo estadounidense y los carniceros israelíes, demuestra que el proletariado en las fortalezas de los autoproclamados gobernantes del mundo ha despertado de su letargo y, con renovada fuerza, demuestra ser digno de sus gloriosas tradiciones. En este último período, las luchas del proletariado y de los pueblos de Ecuador (el paro general en curso) y Francia (las luchas de septiembre), con la obvia diferencia entre ellas, destacan por ser movimientos con una importante influencia comunista en sectores y áreas decisivas de las masas más amplias y profundas, y con un carácter mucho menos espontáneo. El mundo no está en paz, nunca lo estuvo, pero se ve cada vez más agitado por grandes luchas de masas, que, como heraldos de un nuevo amanecer, confirman una vez más que la revolución es la tendencia principal. La situación revolucionaria, en su desigual desarrollo en el mundo, se manifiesta con fuerza.

Todo el sistema capitalista, en su etapa final, el imperialismo, se encuentra en una crisis general que se acelera. La beligerancia imperialista, impulsada particularmente por los esfuerzos del imperialismo estadounidense para frenar su propia decadencia y recuperar posiciones perdidas, está generando un aumento masivo en la militarización de los Estados imperialistas. La reacción generalizada, la creciente tendencia al fascismo y un deterioro masivo de las condiciones laborales y de vida de las masas, sin precedentes en décadas, son una realidad en todo el planeta. En un mundo donde existe el lujo más atroz, 673 millones de personas sufren desnutrición y 2.600 millones no pueden permitirse alimentos suficientes para el consumo humano.

La situación más crítica se presenta en las Naciones Oprimidas, donde la crisis del capitalismo burocrático se ve agravada por la imposición de las instituciones imperialistas y la agresión flagrante, como en el Caribe (Venezuela, Colombia, Haití, etc.), donde el imperialismo estadounidense viola abiertamente todas las leyes que han existido en materia de soberanía estatal. La lucha entre los imperialistas por el control de los mercados y las materias primas, las «zonas de influencia», las colonias y semicolonias, constituye la contradicción entre ellos, la contradicción interimperialista. Cuando esta contradicción se agudiza, los imperialistas deben reforzar su control sobre «sus» colonias y semicolonias para expulsar a sus competidores, imponer el orden de las bayonetas y la lealtad absoluta de sus subordinados, lo que también agudiza la contradicción entre el imperialismo y las Naciones y Pueblos Oprimidos.

En la situación mundial actual, existen tres contradicciones fundamentales: la contradicción entre burguesía y proletariado, la contradicción entre imperialistas (contradicción interimperialista) y la contradicción entre el imperialismo y los pueblos y naciones oprimidos. La principal contradicción es la que existe entre el imperialismo y los pueblos y naciones oprimidos. Esta contradicción desempeña un papel rector y decisivo; es fundamental comprenderla a fondo y, como dijo el Presidente Mao, entonces todos los demás problemas que debamos analizar se resolverán fácilmente .

El creciente desarrollo del Movimiento de Liberación Nacional de los Pueblos y Naciones Oprimidos subraya la necesidad de su fusión con el Movimiento Proletario Internacional. Esto implica, en otras palabras, que el marxismo-leninismo-maoísmo, y no otra ideología, debe guiar la lucha mundial contra el imperialismo y la reacción, lo cual exige una lucha frontal contra el revisionismo y el oportunismo. Esta es la tarea de los Partidos Comunistas y requiere que, posicionándose a la vanguardia de la lucha y emprendiendo la Guerra Popular, en medio del implacable enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución, construyan un poderoso Frente Antiimperialista. Nosotros, los maoístas, sabemos muy bien que sin un Ejército Popular, el pueblo no tiene nada .

Las vanguardias proletarias en armas en las Naciones Oprimidas, los Partidos Comunistas que lideran las Guerras Populares, desempeñan en esta situación un papel crucial para el desarrollo de la lucha contra el imperialismo, para el desarrollo y el futuro triunfo de la revolución proletaria mundial. Estos Partidos constituyen los destacamentos de vanguardia del creciente ejército de los oprimidos y explotados, los que marcan el camino asaltando los cielos. Son los ejemplos vívidos de la fusión del movimiento proletario con el movimiento de liberación nacional bajo la guía del marxismo-leninismo-maoísmo. En este sentido, la importancia de las Guerras Populares lideradas por los maoístas trasciende con creces su repercusión nacional; son decisivas para la lucha por el triunfo del comunismo en todo el mundo.

No solo nosotros lo sabemos, sino que el enemigo es aún más consciente de ello que muchos autoproclamados “comunistas revolucionarios”. En consecuencia, los imperialistas y reaccionarios, en particular el imperialismo estadounidense, que aún desempeña el papel de gendarme mundial de la contrarrevolución, emplean enormes esfuerzos para reprimir con sangre y fuego las guerras populares.

El revisionismo y el oportunismo, como miserables lacayos de los explotadores, también desempeñan un papel crucial, más peligroso que cualquier otra arma en el arsenal de la contrarrevolución. Estas repugnantes criaturas e ideas se infiltran en las filas del movimiento antiimperialista y revolucionario, intentando usurpar el liderazgo de los Partidos Comunistas mediante intrigas maliciosas de todo tipo, y no dudan en colaborar plenamente con la policía política y organizaciones de asesinatos como la CIA. En ocasiones, logran éxitos temporales, como en el caso de la traición a Öcalan y la liquidación del PKK contra las aspiraciones del pueblo kurdo al derecho a la autodeterminación nacional, o en los casos en que consiguen dividir al movimiento antiimperialista enfrentando a una facción del Frente de Resistencia Nacional en Palestina contra otra.

Es en este contexto histórico y político general de lucha entre revolución y contrarrevolución donde debemos ver la batalla épica que libran actualmente nuestros camaradas en la India.

La “ Operación Kagar” fracasará, el PCI (Maoísta) prevalecerá.

La “Operación Kagar” se desarrolla como una estricta aplicación de la siniestra estrategia del llamado “Conflicto de Baja Intensidad” (CBI), desarrollada por el imperialismo estadounidense. Resulta particularmente evidente que en la “Operación Kagar” se están aplicando las lecciones aprendidas por los imperialistas estadounidenses en la lucha contra la Guerra Popular en Perú. Esto constituye una confesión práctica de cuán peligrosa considera la Guerra Popular en la India el imperialismo y los reaccionarios; la furiosa y sanguinaria campaña del enemigo es una expresión de su temor ante la fuerza del movimiento revolucionario.

La fuerte centralización en manos del Gobierno Central y la unificación de las estructuras de mando de la Policía, los Servicios Secretos y el Ejército, junto con una ofensiva total contra cualquier forma de oposición de intelectuales, progresistas e incluso partidos parlamentarios (¡incluso el Partido del Congreso ha sido acusado de connivencia con los "naxalitas urbanos"!), garantiza que todo el poder del antiguo Estado burocrático-terrateniente pueda dirigirse contra el movimiento revolucionario. El Ejército lidera directamente la campaña militar, con el uso de bombardeos aéreos y las "Fuerzas Especiales" al frente del grueso del contingente de fuerzas paramilitares y policiales. La persecución draconiana, con torturas, violaciones y secuestros/desapariciones forzadas, contra las organizaciones democráticas que antes podían operar con relativa libertad, busca silenciar los canales de difusión del Partido y generar un clima social dominado por el terror blanco. Se utiliza un sistema de "aldeas seguras" (en la práctica, campos de concentración) y "bases operativas avanzadas", con bases militares en el centro de un sistema de seguridad de control total. El uso de “Programas de Acción Civil”, la “policía amistosa” y los intentos de “comprar” a las masas aprovechándose de su pobreza mediante la distribución de bienes. Los esfuerzos por llevar la campaña de desinformación, como parte de la guerra psicológica, a todos los rincones del país (la CRPF distribuyó decenas de miles de radios en Bastar). La política de movilizar a los matones de los terratenientes, renegados y masas forzadas en milicias contrarrevolucionarias (como la “Guardia de Reserva del Distrito”), para enfrentar a las masas entre sí. Programas masivos para traidores y renegados, con amnistía y “compensación” económica para quienes se “arrepintieran” y se “reintegraran”. Una cobertura mediática centralizada que ocultaba las derrotas de las Fuerzas del Antiguo Estado, pero exageraba sus “éxitos”, con una intensa cobertura de los cuadros renegados e imágenes de “rendiciones masivas” (a menudo escenificadas).

Todo esto que ocurre hoy en la India es muy similar a lo que el imperialismo estadounidense aplicó en Perú a principios de la década de 1990. Como han afirmado los camaradas indios: “ Los programas de contrainsurgencia en la India están dirigidos directamente por las fuerzas imperialistas, especialmente por las estadounidenses. En la formación del Centro Nacional de Contraterrorismo (NCTC) y en la actual operación Kagaar, el papel de los imperialistas estadounidenses es fundamental ” .

Los imperialistas estadounidenses y sus “socios” indios siguen un plan a largo plazo. No improvisan. Han estudiado al PCI (Maoísta) durante mucho tiempo y saben que solo pueden asestarle golpes severos al Partido Comunista si logran infiltrarse en él o captar colaboradores en sus filas. Parte de la estrategia de la LIC consiste en dividir a la fuerza insurgente, y para ello, la fuerza reaccionaria intenta intervenir activamente en su vida interna. Asesinan o detienen a líderes especialmente importantes, mientras que dejan con vida a los derechistas conocidos. El Secretario General, el camarada Basavaraj, dio su vida por la continuación de la Guerra Popular hasta la victoria. Su heroica resistencia hasta el último aliento contra el ataque enemigo, junto con los más de 20 cuadros dirigentes que se negaron a rendirse, fue un poderoso ejemplo de un comunista consciente de su papel al frente del Partido y de su guía en la Guerra Popular, mientras que “Sonu”, que predica la capitulación, sigue vivo: en política no hay coincidencias. Del mismo modo que los revolucionarios intentan explotar al máximo las contradicciones del bando enemigo, también lo hacen los reaccionarios.

El Presidente Mao Zedong nos enseña que los factores internos son siempre determinantes y que, en los momentos de mayor agudeza en la lucha entre revolución y contrarrevolución, cuando se sufren importantes dificultades o reveses, surge la tendencia a la capitulación. Inicialmente, esta surge como ideas y concepciones, que pronto pueden evolucionar hacia una línea revisionista, traición y colaboración con la reacción. El Comité Central del PCI (Maoísta) denuncia y rechaza a la camarilla de Sonu, que ha traicionado al Partido y a la revolución. El renegado Sonu representaba la tendencia a la conciliación, la capitulación, el pensamiento unilateral y el miedo a la muerte, en contra de los principios del Partido y del marxismo-leninismo-maoísmo. Recurriendo a los viejos argumentos, acusa al PCI (Maoísta) de ultraizquierdista, de “rechazar la lucha legal”, de oponerse al principio de la omnipotencia de la guerra revolucionaria, de la guerra popular prolongada y, en definitiva, de oponerse a la línea militar del PCI (Maoísta). Como ha denunciado el PCI (Maoísta), en el fundamento político del revisionismo de Sonu se encontraba la negación del carácter semifeudal de la sociedad india, y que la principal contradicción se había transformado en la contradicción entre el proletariado y la burguesía, intentando liquidar la Nueva Revolución Democrática y la Guerra Popular.

Sonu y su camarilla se opusieron a la lucha de dos líneas, al centralismo democrático del Partido, y lideraron una conspiración para dividirlo. Resultó evidente que tales posturas y argumentos contra los principios del Partido eran una excusa para intentar liquidarlo, capitular en la Guerra Popular y unirse pronto a las filas de la contrarrevolución, entregando así las valiosas armas del Partido a la contrarrevolución.

El Comité Central del Partido Comunista de la India (Maoísta) señala:

Las tendencias conciliadoras que Sonu y Satish fomentaron durante décadas se transformaron gradualmente en oportunismo conciliador. Con la Operación Kagaar, este oportunismo conciliador se convirtió en traición y acción contrarrevolucionaria. No supimos evaluar correctamente este desarrollo a tiempo. Como resultado de este error, ambos utilizaron sus posiciones de liderazgo para perjudicar gravemente el movimiento revolucionario. Informamos al campo revolucionario que revisaremos este error y extraeremos las lecciones necesarias. (…)

Aunque Sonu y Satish se rindan hoy y otro se rinda mañana, prometemos al pueblo que nuestro Partido jamás se rendirá ante el enemigo. Mientras existan clases sociales, la lucha de clases —en su máxima expresión, las Guerras Populares— continuará; esta es una ley histórica. Las rendiciones no pueden cambiar esta ley. Por lo tanto, incluso ante reveses temporales, avanzaremos con gran confianza y valentía en la lucha por el progreso del movimiento revolucionario. La victoria final pertenecerá al pueblo.

La experiencia histórica demuestra que el enemigo recurre a elementos revisionistas, oportunistas y traidores para intentar dividir al Partido. Este es un elemento fundamental de la estrategia de la LIC: el enemigo hace todo lo posible por generar confusión, de modo que las fuerzas revolucionarias empiecen a dudar, pues quien duda pierde la iniciativa. Sin iniciativa, el Ejército Popular no puede defenderse activamente, se vuelve relativamente pasivo y puede ser aniquilado.

Hay dos maneras de derrotar a un ejército guerrillero: separarlo de las masas o decapitarlo liquidando a su liderazgo; en esencia, esto significa que la fuerza reaccionaria necesita destruir el liderazgo del Partido Comunista para provocar una derrota temporal de la Guerra Popular, porque es el liderazgo marxista-leninista-maoísta correcto del Partido el que garantiza la unidad entre el Ejército Revolucionario y las masas.

Los comunistas de todo el mundo deben repeler con firmeza todos los ataques del enemigo y unirse al Partido Comunista de la India (Maoísta), dirigido por el Comité Central elegido por el Congreso del Partido, que aplica la línea del Partido establecida por este. Quien no se someta a los documentos fundamentales del Partido y a su disciplina no tiene derecho a considerarse miembro del mismo. Así funciona un Partido Comunista; es una cuestión de principios, y todo aquel que tenga un conocimiento básico del marxismo-leninismo-maoísmo debe saberlo.

La línea fundamental del Partido Comunista de la India (Maoísta), el camino a seguir para la Revolución India, la Guerra Popular Prolongada, la conquista del poder en todo el país y su culminación en la Nueva Revolución Democrática, para luego impulsar la Revolución Socialista y avanzar hacia el comunismo —tal como lo establecieron el Congreso del Partido y los Documentos Fundamentales— es correcta sin lugar a dudas. Esta es la única línea marxista-leninista-maoísta, y cualquier otra es una traición revisionista. Independientemente de las conclusiones a las que llegue el Comité Central del Partido tras el análisis de las experiencias del período actual, y de los ajustes que se realicen en materia de táctica y aplicación, nada cambiará esto.

Para los maoístas, todo revés temporal, como la pérdida de una Base de Operaciones o el restablecimiento del poder del antiguo Estado en zonas donde existieron los Comités Populares Revolucionarios, no es ajeno. Las Bases de Operaciones son fluidas por naturaleza, pues reflejan la forma en que se desarrolla la Guerra Popular, mediante un proceso en el que los dos bandos, revolución y contrarrevolución, intentan cercarse y aniquilarse mutuamente hasta la victoria final de la revolución. Así se desarrolló la Guerra Popular en China, al igual que todas las Guerras Populares libradas hasta hoy. Bajo el liderazgo absoluto del Partido, el Ejército Popular de Liberación movilizará, politizará, organizará y armará a las masas, y el Nuevo Poder resurgirá, recuperando las zonas perdidas y conquistando otras nuevas.

La Liga Comunista Internacional se mantiene firme, hombro con hombro, con el PCI (Maoísta), el Ejército Popular de Liberación Guerrillero, las Masas del Frente Revolucionario en el campo y en las ciudades, bajo la bandera del marxismo-leninismo-maoísmo, la bandera de la Guerra Popular, y rechaza y condena cualquier intento de sembrar confusión, pesimismo y capitulación. Estamos plenamente convencidos de que nuestros camaradas en la India, liderados por el Comité Central, derrotarán la estrategia de la LIC mediante el desarrollo de una mayor Guerra Popular. Nada puede vencer el poder de las masas organizadas, y bajo el liderazgo de la vanguardia proletaria de la revolución india, el glorioso PCI (Maoísta), el pueblo de la India continuará barriendo el imperialismo, el capitalismo burocrático y el semifeudalismo con la Guerra Popular, culminando victoriosamente la Nueva Revolución Democrática, conquistando el poder en todo el país y construyendo el socialismo y, con las Revoluciones Culturales, marchando hacia el comunismo junto con el resto de la humanidad. Esto es el cumplimiento de las Leyes de la Historia, es una expresión de la mismísima Ley del movimiento de la Materia; los traidores pueden decir lo que quieran, es un hecho.

El revisionismo es el principal peligro en el Movimiento Comunista Internacional.

Las posturas revisionistas del disidente Sonu y su camarilla, así como su traición, no son un fenómeno exclusivo de la India; también son una expresión de posturas revisionistas existentes en el Movimiento Islámico de la India (MII), donde existen defensores, tanto abiertos como encubiertos, del disidente Sonu. Por ello, debemos aprender de estos acontecimientos y tomar lo sucedido con la camarilla de traidores de Sonu como una importante advertencia para el MII y un llamado a intensificar la lucha contra el revisionismo y todo oportunismo, en particular contra las tendencias capitularistas y traidoras. Unir fuerzas con el Partido Comunista de la India (Maoísta) implica combatir a los seguidores de Sonu en el MII, eliminando todas las posturas revisionistas y oportunistas que convergen con las suyas.

Quienes propagan la negación del carácter de los Países Oprimidos como países semicoloniales y semifeudales, en los que se desarrolla el capitalismo burocrático, ya sea mediante viejos eslóganes trotskistas sobre los “ países capitalistas dependientes ” o la teoría kautskiana de los “ nuevos países imperialistas ”, son alimentados como perros de presa por sus amos imperialistas con “nuevos datos económicos” que oscurecen, para los aspirantes a “intelectuales” pequeñoburgueses sin fuertes raíces entre las masas, las relaciones de explotación y las relaciones económicas del imperialismo; son, en realidad, agentes de la burguesía. La principal fuerza de la revolución proletaria mundial, en su fase actual de desarrollo, es la Nueva Revolución Democrática liderada por el proletariado a través de sus Partidos Comunistas, y esto es precisamente lo que el revisionismo quiere que perdamos de vista, invocando siempre “nuevas condiciones” y acusaciones de “ultraizquierdismo”.

En el mundo actual, vivimos momentos de aceleración histórica en los que los comunistas de todo el mundo se ven llamados a librar grandes batallas para situarse a la vanguardia de los acontecimientos y desarrollar las fuerzas subjetivas de la revolución. El Presidente Mao nos enseñó que el miedo es contrario a la revolución y que solo quienes no temen ser despedazados derriban al emperador. Sonu, con su miedo a la muerte y su análisis unilateral, representa el espíritu capitular opuesto a la revolución. Por ello, hacemos un llamado a todo el Movimiento Comunista Internacional (MCI) para que aprenda de estas lecciones que el PCI (Maoísta) nos muestra, una vez más, que el revisionismo es el principal peligro en el Movimiento Comunista Internacional y que debemos intensificar la lucha en dos frentes para combatirlo en nuestras filas y promover la necesidad de una entrega total y desinteresada a la revolución.

Es hora de cerrar filas más firmemente que nunca con el PCI (Maoísta).

Es necesario fortalecer y potenciar el apoyo del movimiento revolucionario y antiimperialista internacional a la Guerra Popular en la India. Debemos ser aliados en la derrota de la “Operación Kagar”.

En las últimas dos décadas, el PCI (Maoísta) ha sido una fuente de profunda inspiración para comunistas y revolucionarios de todo el mundo. De hecho, muchos de los revolucionarios proletarios de las nuevas generaciones, que hoy desempeñan un papel decisivo en la lucha por reconstruir el movimiento antiimperialista y revolucionario en numerosos países y contribuyen valiosamente a la reconstitución de los Partidos Comunistas, fueron cautivados por la vanguardia maoísta gracias a la fuerza de la transformación revolucionaria de la realidad a través de la Guerra Popular liderada por el PCI (Maoísta), un proceso similar al que, según el Presidente Mao, los cañones de la Revolución de Octubre llevaron el marxismo-leninismo a China. Tan solo este hecho bastaría para demostrar la importancia de la nueva revolución democrática que se desarrolla en la India para la revolución mundial. Pero, por supuesto, la importancia del desarrollo de la revolución en el país más poblado del mundo es mucho mayor. El peso de las masas decide el resultado final de la guerra contra el imperialismo; nuestro progreso o retroceso en la India, por lo tanto, es decisivo para la relación de fuerzas entre revolución y contrarrevolución en el mundo entero. Como proletarios internacionalistas, tenemos el solemne deber de apoyar incondicionalmente a nuestros camaradas en la India, y debemos seguir haciéndolo con la firme convicción de que lo que está en juego es el ritmo del desarrollo de la revolución mundial.

Debemos redoblar nuestros esfuerzos para desarrollar la campaña internacional en apoyo a la Guerra Popular en la India. No debemos permitir que el nefasto plan del imperialismo, como parte de su estrategia de la LIC, y los reaccionarios indios, con la ayuda de renegados y traidores, siembren confusión y pesimismo para que triunfen. Debemos desenmascarar la guerra psicológica del enemigo elevando la conciencia de nuestras fuerzas y de las masas en general con la verdad del marxismo-leninismo-maoísmo, desarrollando nuestra contraofensiva ideológica y política. Debemos lanzarnos a la batalla en todos los frentes para combatir todos los ataques contra nuestros camaradas indios. Debemos atacar por la espalda al imperialismo y hacer todo lo posible para sabotear sus planes. Debemos unir a todos los que puedan unirse para servir a la derrota de la “Operación Kagar” —y de la estrategia de la LIC en general— para la victoria de la Nueva Revolución Democrática en la India a través de su único camino: la Guerra Popular.

Hacemos un llamado a los Partidos Comunistas y organizaciones revolucionarias, a los antiimperialistas del mundo y a todos aquellos que se oponen a la reacción, para que avancen rápidamente en la construcción del frente antiimperialista, esforzándose por canalizar el creciente sentimiento antiimperialista y la protesta de las masas en una poderosa corriente de acción beligerante, con las Guerras Populares como eje central. Este proceso debe dar un salto cualitativo; lo que hemos hecho hasta ahora no es suficiente. Los marxistas-leninistas-maoístas de cada país deben realizar todos los esfuerzos y ajustes necesarios para desarrollar su actividad en este sentido. Nosotros, la Liga Comunista Internacional, cumpliremos con nuestro papel con aún mayor resolución y determinación.

Camaradas,

Invitamos a todos los partidos y organizaciones comunistas a unirse a este llamamiento, manifestando su adhesión y firma al mismo, con el objetivo de impulsar una campaña unificada del ICM en defensa del PCI (Maoísta) y la Guerra Popular en la India.

¡Viva el Partido Comunista de la India (Maoísta)!

¡Honra a los héroes caídos siguiendo su senda de la Guerra Popular!

¡Abajo la “Operación Kagar”!

¡Viva la guerra popular en la India!

¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo!

Liga Comunista Internacional

Octubre de 2025