¡Proletarios de todos los países, uníos!
¡Fuera Yanquis de Venezuela y de América Latina!
¡El imperialismo es un tigre de papel!
La Liga Comunista Internacional condena con profundo odio de clase la agresión contra la nación Venezuela realizada por los imperialistas yanquis en este 3 de enero de 2026. La invasión y bombardeo del territorio venezolano, así como el secuestro ilegal del Presidente Nicolás Maduro por el Ejército de los Estados Unidos, es no solo una violación de su soberanía nacional, sino también un acto de guerra contra la nación venezolana en sus planes de dominación de América Latina. Ante la agresión imperialista a Venezuela, el creciente despliegue de sus fuerzas militares en el Caribe, hacemos un llamado al Movimiento Comunista Internacional, al movimiento antiimperialista internacional y a todo el proletariado y a los pueblos oprimidos del mundo a levantar un poderoso movimiento contra la agresión imperialista en Venezuela y en el mundo.
El despliegue militar de los Estados Unidos en el Caribe ya es el más grande de la historia de Estados Unidos desde la primera Guerra del Golfo (1990-1991)1. Estados Unidos está habilitando la base naval de los tiempos de la “Guerra Fría” Roosevelt Roads, en Puerto Rico. Un enorme despliegue de la IVª Flota con sus buques de guerra, efectivos, helicópteros, bombarderos B-52, incluyendo el portaaviones más grande del mundo. Estados Unidos ha atacado hasta el momento 22 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, asesinando extrajudicialmente más de 80 personas, violando abiertamente la soberanía nacional de Venezuela, Colombia y demás países de América Latina, y el llamado derecho internacional. Trump ha declarado cerco naval ilegal sobre el petroleo de Venezuela. Según el Instituto Militar Elcano, se trata de la primera campaña militar de una guerra de agresión a Venezuela. El 3 de enero, ha dado un paso adelante en su agresión a Venezuela con el bombardeo de la capital Caracas y otras partes del país y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro.
Remontándonos a la declaración de la doctrina Monroe en 1823, “América para los Americanos”, doctrina que los Estados Unidos formularon en la disputa con las potencias europeas por el derecho preferente de explotación y opresión de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, América Latina fue convertida en el patio trasero y sustento para el surgimiento de Estados Unidos como potencia imperialista a principios del siglo XX. El imperialismo impulsó un capitalismo burocrático, sustentado sobre el más rancio latifundio y relaciones de producción atrasadas, haciendo semicolonias de los países de América Latina, con independencia política formal, esto es, naciones sometidas a la maraña ideológica, política, económica y militar del imperialismo por más gobierno propio que tuvieran.
Al terminar el siglo XX, después de la Segunda Guerra Mundial, la llamada “Guerra Fría” y la caída del socialimperialismo soviético, Estados Unidos, gendarme contrarrevolucionario mundial, devino en superpotencia hegemónica única; y América Latina ha constituido en este proceso la base estratégica para el imperialismo yanqui, sobre la cual se sustenta para mantener su dominación mundial. En 1992, con la llamada “Iniciativa Bush para América Latina”, el imperialismo yanqui da a conocer los lineamientos para profundizar la integración política, económica y militar de América al servicio de consolidar la hegemonía yanqui por el mundo, y para combatir la revolución y cualquier movimiento que se le oponga o resista. Fueron varios planes que fueron aplicados como parte de este plan principal o estratégico, tal como el plan Puebla que llegó hasta Panamá y Colombia, el plan Colombia con el que se estableció un sistema de bases militares, entre otros planes que aplicó en medio de agudas contradicciones con las naciones oprimidas de la región y contradicciones de diverso grado con sus lacayos.
En la última década se ha producido una profundización sin precedentes de la crisis de descomposición del imperialismo yanqui; su hegemonía mundial está en declive y se agudiza la rapiña interimperialista por el re-reparto del mundo. Esto es lo que los sucesivos gobiernos de turno desde Obama caracterizan como la “nueva estrategia” de seguridad nacional, en la que se señala “que se abre una época de contienda entre grandes potencias”. En su más reciente estrategia de seguridad nacional (diciembre de 2025) pone a América Latina como foco, declara “El Corolario Trump ” a la Doctrina Monroe que permita el acceso de Estados Unidos a “activos clave”, “ubicaciones clave” y apoyo a la “cadena de suministros críticos”, mientras declara la necesidad de que América Latina se mantenga “libre de incursión extranjera hostil” y de tener gobiernos que cooperen en la lucha contra los “narco-terroristas” contra quienes permite la posibilidad de uso de “fuerza letal”.
Lo específico de este momento histórico es que la agudización de la agresión que estamos presenciando en el Caribe y América Latina, no se limita solo a este sometimiento inherente a los planes de los imperialistas para el saqueo y explotación de los países oprimidos. En este momento se trata particularmente de proseguir el cumplimiento de los planes hegemónicos del imperialismo yanqui trazados en los años 1990 para reforzar su estrategia de dominación, en el continente americano y además, ajustándolos al momento de declive de dicha hegemonía buscando proyectar sus posiciones la cuenca del Pacífico, y en sus preparativos de una tercera guerra mundial imperialista.
El imperialismo yanqui pretende con ello contraponerse al decaimiento de la ofensiva contrarrevolucionaria general que encabeza desde finales de los años 80 en convergencia con el revisionismo, pues esta no consiguió su siniestro propósito de aplastar las guerras populares y las guerras de liberación nacional. El decaimiento de esta ofensiva contrarrevolucionaria se evidencia en la brillante contraofensiva del Diluvio de Al-Aqsa, que socavó lo planes del imperialismo en la región, ademas de desmentir ante los ojos de los pueblos del mundo el mito de la invencibilidad del sionismo, el hijo pródigo del imperialismo yanqui. Sobre todo, el fracaso de la ofensiva contrarrevolucionaria general se evidencia en la persistencia de las gloriosas Guerras Populares de India, Turquía, Perú y Filipinas, habiendo enfrentado numerosos cercos de aniquilamiento y manteniendo en alto la bandera del marxismo-leninismo-maoísmo, el enemigo mortal del imperialismo y la reacción. Estados Unidos necesita hoy desesperadamente conjurar el levantamiento del movimiento antiimperialista y revolucionario en América.
Detrás de su retórica de “seguridad nacional” y de “enemigos desde adentro” se esconde el miedo a los pueblos, al levantamiento del mismo pueblo estadounidense, que ha demostrado su potencialidad revolucionaria en crecientes explosiones de lucha popular como las ocurridas por el asesinato de George Floyd en 2020, las combativas ocupaciones estudiantiles en defensa de Palestina y la revuelta contra las criminales políticas antimigratorias este año.
Los yanquis buscan normalizar el desplazamiento de una fuerza política económica y militar como parte de implantar un sistema de bases militares por el continente americano y poner los ejércitos de cada país cada vez más bajo el control y mando del Comando Sur de los Estados Unidos. Comienzan una nueva fase dentro de sus planes estratégicos en la pugna interimperialista por mantener la hegemonía, neutralizar la influencia de otras potencias imperialistas y para contener la rebelión de los pueblos oprimidos buscando conjurar la revolución. Es para servir más fielmente a estos planes estratégicos del imperialismo yanqui que el ultrareaccionaro de Trump viene escalando la agresión en América Latina.
La designación de carteles internacionales de drogas como terroristas, las declaraciones de estar en “guerra contra los carteles”, las acusaciones a los presidentes de Venezuela y Colombia de ser narcotraficantes, el chantaje constante a los gobiernos de la región por “descertificarlos” si no “cooperan en la lucha contra el narcotráfico”, son todos actos que se enmarcan dentro de un plan sistemático para preparar condiciones psicológicas, políticas y legales. Los imperialistas yanquis buscan con ello centralizar el Poder en forma absoluta en el Presidente -saltándose así la autorización y controles parlamentarios y judiciales-, resolver las pugnas internas entre las mafias de los Partidos Demócrata y Republicano y generar opinión pública en casa para dar paso a la siguiente fase de su guerra de agresión y en el marco del cumplimiento de sus planes estratégicos.
La agresión en lo inmediato apunta principalmente contra Venezuela. En esta fase, o primera campaña militar, se desarrolla como una acción para sitiar militarmente todo un país exigiendo su rendición incondicional para imponer un gobierno títere, usando un poder desproporcionadamente mayor para golpear militarmente a objetivos menores. Pero el objetivo de la agresión no es solamente derrocar a Maduro, es parte de la ofensiva más amplia en América Latina y el Caribe para avanzar con la ocupación. Es comparable al sistema montado por el imperialismo yanqui en el Medio Oriente Ampliado. En Irak, una vez que llevaron la guerra limitada contra Saddam “en defensa de Kuwait” por parte de Bush padre, nunca abandonaron la región. El imperialismo yanqui desató otras guerras de agresión hasta que montaron su sistema de bases con la llamada doctrina Obama: bases militares, un ejército con la función principal de “botas sobre el terreno”, su principal avanzada militar Israel, mercenarios de diferentes nacionalidades en Irak, Siria, Irán, etc, ejércitos lacayos árabes y el desplazamiento de sus fuerzas navales, aéreas y terrestres para dirigir y desarrollar guerras de agresión de diferentes tipos e intensidades. Venezuela no es el fin último, sino la justificación y la puerta de entrada.
Estados Unidos extendió la operación militar del Caribe al Pacífico y ya atacó a seis embarcaciones allí. Trump ha firmado -según su propia declaración- una autorización a la CIA de llevar a cabo operaciones encubiertas en países extranjeros que van, desde la recopilación clandestina de información, hasta el entrenamiento de fuerzas de la oposición y la realización de ataques letales.2 La principal consecuencia hasta ahora a sido la agresión abierta a Venezuela y el secuestro de su Presidente, Nicolás Maduro. No obstante, los ejercicios militares conjuntos del Comando Sur en Panamá y Brasil este año, la creciente militarización de la frontera con México, la propuesta del gobierno lacayo de Petro a los yanquis para conformar una ‘OTAN amazónica’, el combate de los gobiernos lacayos de la región al llamado crimen organizado y contra la minería ‘ilegal’, la criminalización de los migrantes en EEUU; todo ello hace parte del proceso de aplicación de la agresión y ocupación de América Latina. Después de que el pueblo ecuatoriano votó en contra de modificar la constitución que prohíbe el establecimiento de bases militares extranjeras en el país, Estados Unidos, pasando por encima de la constitución y del referéndum, con el apoyo del lacayo vendepatria de Noboa, comenzó el desplazamiento de tropas yanquis este 17 de diciembre a la base militar en Manta. Estados unidos también acaba de firmar un acuerdo de cooperación militar en Paraguay el cual implica también botas yanquis sobre terreno.
Para implementar esta nueva fase de agresión y ocupación, en medio también de la agudización de la rapiña imperialista, los yanquis necesitan tener una autoridad más absoluta sobre sus semicolonias y esferas de influencia, por lo que requieren atar en corto a sus mismos lacayos, reestructurar también los Estados de los países de América Latina profundizando su condición semicolonial. Necesitan frenar el avance de los acuerdos comerciales, económicos y políticos de China con los países de América Latina, y asegurarse que las semicolonias cada vez sean más y más sujetas al imperialismo yanqui. Por ello aumenta también la injerencia en la política de los asuntos internos de los países de la región, como ha sucedido con la defensa por Trump de Bolsonaro (extrema derecha de Brasil) y la intervención abierta en las elecciones en Honduras y en Argentina en noviembre, ofreciendo acceso a un canje de divisas de 20 mil millones de dólares para ayudar a calmar la crisis de cambio monetario de Argentina, supeditado a que el Partido de Milei venciera en las elecciones legislativas. Para los tiempos de guerra que se abren, necesita tener su base de apoyo con mayor centralización y control. Por ello, junto al mayor saqueo y desplazamiento de las botas militares a su base estratégica de su hegemonía mundial, necesariamente requieren abrir otro capítulo de mayor intervencionismo e injerencia sobre los gobiernos del continente.
No se trata de que ahora los gobiernos latinoamericanos estén alejándose de la tradicional política y economía servil a EEUU que han aplicado como lacayos durante el último siglo. A pesar de que haya vasallos declarados, y vasallos con una vacía retórica antiimperialista, todos vienen siendo serviles a las políticas yanquis. Así se revela por ejemplo con el llamado vendepatria de Petro a Maduro a ceder el poder para evitar una invasión yanqui o, como se ha revelado en noviembre pasado, cuando altos funcionarios venezolanos del gobierno de Maduro, en conversaciones que duraron meses con el gobierno de Trump, ofrecieron a los yanquis una participación mayoritaria en el petróleo venezolano, prometiendo otorgar contratos preferenciales a las empresas estadounidenses, invertir el flujo de las exportaciones petroleras venezolanas de China a Estados Unidos y recortar los contratos energéticos y mineros con empresas chinas, iraníes y rusas3. Ha sido la administración de Trump la que ha rechazado la oferta, pues le es útil usar a Venezuela como conejillo de indias y chivo expiatorio para adelantar su plan estratégico.
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Los cañones del imperialismo yanqui apuntando contra la región y sus acciones de guerra son señal de su debilidad. La hegemonía del imperialismo yanqui está en declive, su ofensiva contrarrevolucionaria general decae y fracasa en su perverso intento de aplastar la revolución. Se encuentra en una profunda crisis económica y política que le respira en la nuca, y esto lo obliga a actuar con mayor agresividad. Es la señal del fracaso de su doctrina militar posterior a la Guerra Fría, en palabras del vicepresidente Vance: “luchamos en muchas guerras en los últimos 40 años, pero no hemos ganado ninguna”. Los momentos de crisis profunda del sistema imperialista acentúan las contradicciones interimperialistas y necesitan de la expansión de las guerras de agresión contra las naciones y pueblos oprimidos. Estados Unidos está acosado por contradicciones internas irreconciliables, vive un largo proceso de hundimiento y cada nueva medida para contraponerse a este declive agudiza sus contradicciones. ¡El imperialismo es un tigre de papel, debemos acabar con él!
Si los yanquis pretenden que los pueblos de América Latina guarden silencio mientras atacan a nuestros pueblos hermanos y ocupan nuestro territorio, ¡no han aprendido nada de la historia! Una agresión directa contra cualquier pueblo de América Latina avivará las llamas de la revolución de nueva democracia con el viento a favor de la movilización antiimperialista masiva en todo mundo, incluyendo dentro del mismo EEUU, como lo ha demostrado el movimiento en apoyo a Palestina.
La historia nos enseña que los pueblos que luchan por su libertad son imparables. El camino de la heroica resistencia nacional Palestina, es también el camino de América Latina. Una feroz resistencia que enfrenta a los mayores poderes militares de la tierra, y cuyo corazón de resistencia antiimperialista no solo sigue viva después de uno de los mayores genocidios de nuestros tiempos, sino late con más fuerza y se ha multiplicado por todos los rincones del globo. En lugar de cerrar el cerco sobre los pueblos oprimidos como imaginan, los imperialistas se verán cada vez más acorralados por las luchas antiimperialistas, las guerras de liberación nacional y las guerras populares.
El imperialismo se apoya en toda América Latina en sus agentes nativos, los terratenientes o grandes latifundistas y la gran burguesía lacaya para explotar al pueblo especialmente al campesinado, por ello es indispensable luchar contra la semifeudalidad y movilizar al campesinado para realizar la revolución indesligablemente de la lucha contra el imperialismo y el capitalismo burocrático.
Cuando el imperialismo invade y agrede a una nación oprimida, como está ocurriendo en Venezuela, se produce el cambio de la contradicción principal, y la tarea de los comunistas es luchar por la realización de un frente único nacional de resistencia antiimperialista contra la agresión exterior y unir todo pueblo y la nación, con la excepción de una minoría de traidores nacionales, contra la agresión externa para desarrollar una guerra de resistencia nacional contra la invasión.
La guerra de resistencia contra el imperialismo por liberación nacional forma parte de la revolución de nueva democracia y solo a través de la dirección del proletariado, a través de su Partido Comunista puede desarrollarla completamente para barrer las tres montañas: el imperialismo, el capitalismo burocrático y la semifeudalidad.
Los comunistas estamos llamados a dirigir la lucha contra la ocupación de América Latina, debemos ponernos a la cabeza y en la primera línea del combate antiimperialista para unir y dirigir al campo de los antiimperialistas revolucionarios. Debemos levantar un amplio movimiento antiimperialista de denuncia contra la agresión imperialista a Venezuela y toda América Latina a través de acciones. ¡Muerte al invasor!
Es crucial oponerse a la política entreguista y conciliadora de los gobiernos de turno en cada país; ante el peligro de capitulación, el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía, burguesía nacional y otras fuerzas patrióticas deben persistir en la resistencia con el apoyo del proletariado y los pueblos del mundo.
Convocamos los pueblos y nación de Venezuela a unirse y levantarse contra la agresión imperialista, mediante lucha armada de resistencia nacional: ¡Muerte al invasor! ¡Fuera Yanquis de Venezuela!
Convocamos a todo proletariado y a los pueblos oprimidos de América Latina y del mundo, a unirse contra la agresión imperialista a Venezuela, a elevar la movilización antiimperialista través de acciones contra el imperialismo.
¡El imperialismo es un tigre papel!
¡Fuera yanquis de Venezuela y América Latina!
¡Proletariado y pueblos oprimidos de todo mundo, unamos para aplastar el imperialismo!
¡Los países luchan por su independencia, las naciones por su liberación y los pueblos por la revolución!
¡Pueblos de América Latina, levantémonos en un poderoso movimiento antiimperialista!
Liga Comunista Internacional,
3 de enero



